Ruth-Anne habla con la juez Elizabeth mientras practican tiro al plato. Ruth-Anne a Elizabeth:
- "Por nada del mundo querría su puesto. No sé cómo lo aguanta.
- Siempre he sido juez, Ruth-Anne. Incluso de niña, a mi alrededor todos procuraban portarse bien, como si percibiesen una innata capacidad de juicio.
- ¿Sabe? Cuando alguien entra en mi tienda y me dice que desea cinco kilos de manzanas a cuarenta centavos el kilo, yo puedo decirle que son dos dólares. Pero usted ha de mirar a alguien a los ojos y decirle: Lo que hizo le costará tres años de cárcel. Es diferente.
- Yo no juzgo a las personas, juzgo sus actos. Es la misma clase de distinción que me aplico a mí misma, calificar sin ser sentenciosa.
- No sé, son cosas que yo no entiendo. Luchando con mis hijos casi siempre sólo disponía de mis agallas y menos mal que disponía de ellas...
- Consideras los hechos y examinas las pruebas. Oh, no sé, Ruth-Anne, a veces pienso que todo no es más que un juego que practico para evitar sentirme responsable de lo que hago.
- O sea, ¿que tiene dudas?
- Un viejo juez me dijo que el truco es actuar con un ciento por ciento de certidumbre cuando solo percibes un cincuenta por ciento de razón."
0 comentarios:
Publicar un comentario