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| Roca bolsillo |
"Me colé entre los libros y respiré hondo. Aquello era como oxígeno después del hedor a burdel.
Había una espesa masa de compradores que discutían los precios con los libreros y yo me hice pasar por uno de ellos. Me deslizaba entre los libros, cogía alguno y lo hojeaba un poco - flip, flip, flip - hasta que el vendedor me gritaba:
- ¿Vas a comprarlo o piensas leerlo gratis?
- Éste no es bueno - decía yo entonces, dejando el libro, y me iba al siguiente puesto. Allí cogía otro y... flip, flip, flip. Sin pagar una sola rupia, hojeando libros gratis, me pasé toda la tarde entretenido a costa de los libreros.
Algunos libros estaban en urdu, la lengua de los musulmanes, que no consiste más que en garabatos y puntos, como si un cuervo hubiese humedecido sus patas en tinta negra y hubiera pisoteado la página.
Yo me había puesto a hojear uno de estos libros cuando un librero me dijo:
- ¿Sabes leer urdu?
Era un viejo musulmán, con una cara negra como el carbón, perlada de sudor (igual que una hoja de begonia después de la lluvia), y con una larga barba blanca.
- Y tú, ¿sabes leer urdu?- le respondí.
Él abrió el libro, aclaró su garganta y leyó:
- "Buscaste la llave durante años". ¿Lo has entendido?- Me miró con la frente fruncida.
- Sí, hermano musulmán.
- Cierra el pico, mentiroso. Y escucha.
Volvió a aclararse la garganta.
- "Buscaste la llave durante años. / Pero la puerta había estado siempre abierta."
Cerró el libro.
- Esto se llama poesía. Y ahora lárgate.
- Por favor, hermano musulmán - supliqué -. No soy más que el hijo de un conductor de rickshaw de la Oscuridad. Háblame de la poesía. ¿Quién escribió este poema?"

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